Una vez más. De nuevo el perenne
olor de la muerte, el olor de una guerra milenaria, inagotable, el olor de
sangre nueva derramada sobre una tierra vieja y santa.
Soy cristiano, soy católico, soy
gentil y mi Dios quiso nacer judío. Por cultura, por historia, por religión mi
sitio está entre ellos. Pero ni con el Viejo Testamento en una mano, ni con el
Holocausto a mano de los nazis en la otra, me sale…, no puedo aplaudir los
bombardeos, ningún bombardeo con razón o sin ella. Lo puedo explicar, casi
justificar, pero no puedo admitirlo como franquicia sin inventar otro procedimiento,
me supera. Más es decisión que toman los generales, los Jefes de Gobierno; a
nosotros, a mí, me corresponde gritarles a la cara que no saben hacer otra
cosa; que no saben, no quieren encontrar soluciones civilizadas. Sé que se me
tachará de “buenista”, de ingenuo y hasta de hipócrita, pues lo siento. Así soy
yo. Invocaré la paz porque nos la merecemos y porque hasta las bestias se
amansan con música. Con la música de los tiros, me dirá alguno. Pues bien,
entonces, tomemos posiciones. Todos. El sofás adormece y los telediario ya no
conmueven. Si hay que parar al moro, al árabe, al islamita, al musulmán o como
quiera que se llamen en ese mundo temido y temible, hagámoslo. Pero
compartiendo responsabilidades presentes y futuras. Incluso remordimientos si
llegara Hiroshima(bis).
Seguramente en este clamar y
reclamar que hago, habrá quien mal interprete mis palabras o no llegue al fondo
del siempre truncado afán por acabar con este mundo criminal en el que vivimos. El mundo
del hombre animal, fiera; el mundo del hombre depredador de intereses
materiales por los que mata sin contemplaciones; el del hombre violento y
sediento de poder que asesina por lograrlo; el del hombre devastador que asola
toda vida natural y humana que encuentra
a su paso; el del hombre depravado, de bajo y ruin instinto; el del hombre que
con piedras o espadas, con la pólvora o con un poco de E=mc2, ha sembrado la
tierra de cruces a lo largo de su existencia.
Mundo en el que el proyecto de
hombre creyó callar la Voz del Hijo del Hombre.
Más aviso para navegantes de
ayer, de hoy y de siempre:
El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Marcos 13:31)
Saludos y gracias por su atención.
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