miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Y yo qué puedo decir, que no suene ridículo?


Es agotador,

Tengo sueño,

Estoy cansado,

Y el problema es que se me vacía la bacía de palabrotas viciadas para vilipendiar tanto vicio.

Y te exprimes el cerebro por decir lo de siempre pero de forma y manera que cale en el que lo lea.

Y nada.

Y empiezas una vez y otra.

Y… ¿Cómo decirlo? Todo parece cursi, todo parece repetido, todo cansino…, todo monsergas.

Si, la teoría es sencilla: se basa en que cuando maquinen leyes, cuando legislen, cuando conviertan en obligación, amparo o refugio sus putrefactos pensamientos, sus compulsivos deseos de vicio y libertinaje, miren alrededor, reflexionen y digan: ¡Jope! Cuanto cabronazo amenazándonos, señor, señor, habrá que respetarlos, porque nos la jugamos.

Y así sería bueno, que si no nos tienen respeto, cuando menos, nos tuvieran miedo.

Lo reconozco: soy un soñador. Que pensamientos infantiles, como a crío en vísperas de Reyes Magos, me vienen de vez en cuando a esta majareta cabeza que soportan mis hombros. Me levanto, duchado, afeitado, primoroso y pletórico de optimismo me digo: hoy, estos lumbreras que tenemos por gobernantes nos van a dar el sorpresón del siglo; nos van a decir que tienen soluciones, formulas, iniciativas…, que son conscientes que están donde están, ganan lo que ganan, viven como viven y tienen los privilegios que tienen, para resolver los problemas y no para crearlos. Pero ¡quiá!!, apenas pongo la radio o abro el portátil, se me cae los palos del sombrajo: siguen y siguen machacando por los cuatro costados al pueblo que los sustentan, les amenaza con caóticos augurios, les impone medidas más y más represivas, prohibiciones y multas,  les ahoga a base de impuestos abusivos, confiscatorios, les da  paro y les quita el pan, los hunde en una vergonzante escalada de auténtica indigencia… cuando no, les traiciona ante quienes deberían defenderlos, y ya está, aquí paz y allá gloria. Hacen la guerra y el amor en sus trincheras, y se quedan, así, tan pachos, mirando sus saneadas cuentas corrientes. Ellos a lo suyo: cada día una vuelta más al tornillo de este garrote vil al que nos tienen condenados.

Mientras tanto tú, no mires para ningún lado, que puede darte vergüenza de ti, de ellos y de todos; no respire, que el olor a podrido, puede darte arqueadas y ponerlo todo perdido; no pienses, que puedes volverte loco si intentas entender algo: muérete ¡cojones!, a ver si se quedan solos con todo, y se matan entre ellos a mordiscos de rata rabiosa.

¿Veis, que rápido se cambia de estado de ánimos? Otro día hecho un trapo gracia a mis impuestos. Bien. 

Saludos y gracias a todos.

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